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LA RECONSTRUCCIÓN DE NUESTRA CIUDAD, UNA TAREA DE TODOS

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  1. LA RECONSTRUCCIÓN DE NUESTRA CIUDAD, UNA TAREA DE TODOS Carta pastoral con ocasión de la Pascua de Resurrección J. FRANCISCO CARDENAL ROBLES ORTEGA + Arzobispo de Monterrey

  2. LA RECONSTRUCCIÓN DE NUESTRA CIUDAD, UNA TAREA DE TODOS Carta pastoral con ocasión de la Pascua de Resurrección J. FRANCISCO CARDENAL ROBLES ORTEGA + Arzobispo de Monterrey

  3. ÍNDICE Introducción 1. Los protagonistas de la reconstrucción a. La Iglesia b. La familia c. La educación d. El Estado e. La sociedad f. El mundo empresarial 2. Los valores de la reconstrucción a. El valor moral b. La solidaridad c. La justicia d. El trabajo e. La honestidad f. La unión g. La sana austeridad h. La paz 3. Conclusión

  4. A LA IGLESIA QUE PEREGRINA EN MONTERREY: ¡PAZ Y BIEN! Muy queridos hermanos y hermanas en el Señor: • ¡Jesucristo ha resucitado, aleluya, aleluya! Este es el grito jubiloso de la Pascua que pone en pie a todos los cristianos del mundo para anunciar la Buena Noticia. Es el grito de la Pascua que también resuena en nuestra ciudad, entre nuestras montañas, en cada parroquia, en los hospitales, en los colegios, en las cárceles, en cada casa. Cristo, nuestra esperanza, ha resucitado. Como a los primeros discípulos del Señor, la resurrección nos lleva a mirar al Cielo, pero al mismo tiempo, nos compromete con nuevas fuerzas, con mayor motivación y más sólida convicción, en la renovación de nuestra sociedad y en la vivencia de nuestra fe en el mundo, sabiendo que ya hemos vencido en Cristo. Por eso, ahora, en la Pascua, es el momento para emprender una tarea difícil, pero posible y necesaria: la renovación de nuestra sociedad.

  5. En la reciente asamblea pastoral de diciembre de 2010, en que nos reunimos para preparar el plan de pastoral orgánica, publicado el 9 de marzo de este año, una y otra vez se habló de la necesidad de que nuestra iglesia particular viva un verdadero compromiso con la realidad social en la que estamos inmersos. Como objetivo principal de nuestra arquidiócesis nos propusimos renovar las parroquias hasta convertirlas en comunidades de discípulos misioneros comprometidos con la realidad social en la que vivimos. Esa es la hoja de ruta que nos traza el plan de pastoral orgánica. Queremos que la iglesia de Cristo que peregrina en Monterrey sea una auténtica comunidad de discípulos misioneros comprometidos con nuestra sociedad.

  6. En el análisis que precedió a la redacción de ese plan pastoral, apareció continuamente una realidad que no se puede negar: el deterioro de nuestra convivencia ciudadana. Efectivamente, constatamos que, en un breve lapso de tiempo, la convivencia ciudadana se ha quebrantado mucho y el ambiente moral de Monterrey se ha resentido de una profunda crisis de valores que se percibe en múltiples manifestaciones. El aumento de la adicción a las drogas en nuestros jóvenes, la presencia del así llamado "narcomenudeo" en las calles de la ciudad, los jóvenes embriagados por el alcohol en los fines de semana, el debilitamiento del papel educativo de la familia y el incremento desorbitado de los actos delictivos, son síntomas palpables de una destrucción moral que afecta gravemente a nuestra sociedad.

  7. Dentro de este debilitamiento de la convivencia, la inseguridad ciudadana se ha convertido en un tema recurrente en nuestras conversaciones porque las acciones criminales han comenzado a ser ya una realidad cotidiana. En poco tiempo, casi sin darnos cuenta, hemos pasado de vivir en una ciudad tranquila y serena, a encontrarnos en un mundo inseguro, y a organizar nuestra vida tomando en cuenta unas nuevas realidades a las que tenemos que enfrentarnos cada día: el miedo y la inseguridad.

  8. Considerando estos datos, parece urgente comenzar una verdadera reconstrucción, total, profunda, sin perder de vista que toda reconstrucción siempre ofrece la posibilidad de hacer las cosas bien y mejorar lo anterior, de volver a empezar superando los defectos y proponiéndonos nuevos objetivos más ambiciosos que ayuden a reconstruir el tejido social de nuestra ciudad y las condiciones de vida de todos los que habitamos en ella.

  9. Estos días de Pascua de Resurrección reviven y actualizan la victoria de Cristo sobre el mal y sobre la muerte de un modo definitivo. La Pascua es un nacimiento en la esperanza y una invitación constante a mirar las cosas de arriba: "Así pues, si habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Aspirad a las cosas de arriba, no a las de la tierra" 1. La Pascua es la fiesta del optimismo, de la renovación: "Purificaos de la levadura vieja, para ser masa nueva; pues sois ázimos. Porque nuestro cordero pascual, Cristo, ha sido inmolado. Así que, celebremos. la fiesta, no con vieja levadura, ni con levadura de malicia e inmoralidad, sino con ázimos de pureza y verdad“2 . Es la ocasión para dejar atrás el apego al mal y buscar el bien por encima de todo. Por eso, esta Pascua puede ser el inicio de una reconstrucción que no se puede demorar mucho más. Hay un esfuerzo que realizar, pero con la certeza de que Cristo ha vencido el mal y ha renovado el mundo con su ofrecimiento y su victoria. Todos juntos, con esas claves que nos ofrece la Pascua, podemos salvar nuestra ciudad.

  10. 1. Los protagonistas de la reconstrucción a. La Iglesia Entre los responsables de esta reconstrucción moral y social de Monterrey, no podemos dejar fuera a la Iglesia Católica con su presencia como religión mayoritaria en la ciudad. La primera constatación que tenemos que hacer es que nosotros, Iglesia, también necesitamos reconstruirnos. Hemos sido sacudidos por escándalos muy graves que nos han afectado últimamente, y esto nos tiene que llevar a examinar cómo hemos reaccionado y a replantearnos si estamos cumpliendo de verdad la misión que Cristo nos ha asignado. Somos los primeros que necesitamos evangelizarnos y construir nuestra vida desde el Evangelio, sin tapujos ni componendas.

  11. En nuestra acción pastoral, tenemos que ser un apoyo real para nuestros hermanos y ayudarles a recuperar la esperanza; no una esperanza utópica e irracional a pesar de todo, sino la esperanza de quien sabe que Dios no nos abandona nunca y con la certeza de que "sabemos que en todas las cosas interviene Dios para bien de los que le aman; de aquellos que han sido llamados según su designio“3. Recuperar la fe y la esperanza y fortalecerlas es seguramente el mejor recurso para seguir trabajando con motivación, convicción y compromiso en esta reconstrucción de la sociedad que tenemos delante. Hoy, más que nunca, los pastores tenemos que acercarnos a nuestros feligreses. Ellos necesitan de nuestra presencia, testimonio y orientación. Nos miran a nosotros esperando una guía, una motivación y también, sobre todo, un testimonio personal. Tienen derecho a pedirlo y tenemos el deber de dárselo.

  12. Tenemos que reconocer que muchas veces hemos descuidado la formación y el crecimiento en la fe. Y, por ello, hoy más que nunca, hay que insistir en la formación cristiana, en la espiritualidad. Necesitamos presentar de nuevo a Cristo como Salvador y como modelo de vida. Como dice nuestro plan de pastoral orgánica 2011 - 2015, nuestra primera línea de acción debe ser "que todas las personas tengan un encuentro vivo y kerigmático con Jesucristo, para que logren una conversión personal, y puedan iniciarse como discípulos misioneros de él“4. Y los primeros que debemos vivir esa conversión somos nosotros.

  13. También tenemos que poner en el centro • de nuestras vidas y de nuestras enseñanzas • el amor a Dios y al prójimo sobre todas • las cosas, tal y como nos enseñó Jesucristo. • En nuestra predicación, en nuestra catequesis, • es elmomento de insistir en el amor a Dios. • Más que nunca, los católicos tenemos que • actuar movidos por el amor a Dios y volver • a creer en ese amor que nunca falla. • El amor de Dios es el punto seguro paraedificar una renovación espiritual en la Iglesia. • Dios que se ha manifestado como amor • nos pide una respuesta de amor.

  14. Ante los graves problemas del país, se puede presentar la tentación de que la Iglesia asuma un protagonismo político que no le corresponde, pero "la Iglesia no puede ni debe emprender por cuenta propia la empresa política de realizar la sociedad más justa posible. No puede ni debe sustituir al Estado. Pero tampoco puede ni debe quedarse al margen en la lucha por la justicia. Debe insertarse en ella a través de la argumentación racional y debe despertar las fuerzas espirituales, sin las cuales la justicia, que siempre exige también renuncias, no puede afirmarse ni prosperar. La sociedad justa no puede ser obra de la Iglesia, sino de la política. No obstante, le interesa sobremanera trabajar por la justicia esforzándose por abrir la inteligencia y la voluntad a las exigencias del bien“5.

  15. Los católicos no debemos olvidar que un buen católico es necesariamente un buen ciudadano, consciente de sus deberes y derechos sociales, integrado en su comunidad y un constante luchador por el bien y la verdad en su vida y en su ambiente, alguien que sabe ser misericordioso y comprensivo con los demás, pero al mismo tiempo inflexible ante el pecado y el mal en cualquiera de las formas que pueda presentarse en la sociedad.

  16. Los católicos sabemos que, además del pecado personal, existe el pecado social que también debe ser erradicado de nuestras vidas y de nuestra sociedad. "Es social todo pecado cometido contra la justicia en las relaciones entre persona y persona, entre la persona y la comunidad, y entre la comunidad y la persona. Es social todo pecado contra los derechos de la persona humana, comenzando por el derecho a la vida, incluido el del no-nacido, o contra la integridad física de alguien; todo pecado contra la libertad de los demás, especialmente contra la libertad de creer en Dios y de adorarlo; todo pecado contra la dignidad y el honor del prójimo.

  17. Es social todo pecado contra el bien común y contra sus exigencias, en toda la amplia esfera de los derechos y deberes de los ciudadanos“6.El católico, el cristiano, no puede condescender con estos pecados que afectan gravemente al amor al próximo, base de la enseñanza moral del Evangélico.

  18. Las presiones y el estrés de la sociedad actual hacen que los padres de familia no cuenten con mucho tiempo para dedicarlo a sus hijos en un ambiente de serenidad. Y esto ha hecho que, poco a poco, se debilite el papel educativo de la familia. Ante las dificultades que entraña actualmente la tarea de educar a los hijos, no son pocos los padres de familia que, más o menos conscientemente, y muchas veces movidos por la circunstancias, han tirado la toalla y simplemente se contentan con que sus hijos asistan a la escuela y no creen problemas en casa. Así, encontramos a muchos jóvenes que viven "a su aire", en una especie de abandono encubierto y que convierten la casa en un hotel en el que duermen y donde, al máximo, cuidan ciertas normas. b. La familia

  19. El aumento de roturas matrimoniales también ha afectado seriamente a las familias y a la educación de los hijos. Todavía se estudian científicamente los efectos del divorcio en los hijos y nos damos cuenta de que, por desgracia, nuestra sociedad no siempre puede ofrecer una ayuda adecuada a estos niños y jóvenes que requieren una atención muy cercana que les ayude a superar el desarrollo traumático del proceso que viven sus papás.

  20. Otro elemento que tenemos que superar es el de la violencia dentro de las familias. La violencia, física y psicológica, sigue constituyendo una verdadera epidemia que daña profundamente a todos los miembros de la familia y genera como un germen de violencia para la sociedad entera. Se puede decir que, en gran parte, la violencia que vivimos en la sociedad tiene sus orígenes en hogares donde se cultivó este ambiente de violencia y de falta de respeto mutuo.

  21. La solidez del núcleo familiar es un recurso determinante para la calidad de la convivencia social. Por ello la comunidad civil no puede permanecer indiferente ante las tendencias disgregadoras que minan en la base sus propios fundamentos. Es necesario, por tanto, que las autoridades públicas "resistiendo a las tendencias disgregadoras de la misma sociedad y nocivas para la dignidad, seguridad y bienestar de los ciudadanos, procuren que la opinión pública no sea llevada a menospreciar la importancia institucional del matrimonio y de la familia“7. La familia constituye, más que una unidad jurídica, social y económica, una comunidad de amor y de solidaridad, insustituible para la enseñanza y transmisión de los valores culturales, éticos, sociales, espirituales y religiosos, esenciales para el desarrollo y bienestar de los propios miembros y de la sociedad 8.

  22. "En el seno de una familia, la persona descubre los motivos y el camino para pertenecer a la familia de Dios. De ella recibimos la vida, la primera experiencia del amor y de la fe. El gran tesoro de la educación de los hijos en la fe consiste en la experiencia de una vida familiar que recibe la fe, la conserva, la celebra, la transmite y testimonia. Los padres deben tomar nueva conciencia de su gozosa e irrenunciable responsabilidad en la formación integral de sus hijos“9. También es esencial la familia para la transmisión y educación de la fe y de los valores más profundos del ser humano. Hay que considerar este refortalecimiento de la familia como una tarea urgente pues "La familia es insustituible para la serenidad personal y para la educación de sus hijos“10

  23. La educación es la base de la regeneración de la sociedad. El reto de formar nuevos ciudadanos constituye la mejor inversión para el futuro de nuestra ciudad. c. La educación

  24. Debemos combatir la cifra de ocho millones de jóvenes en edad productiva que viven en nuestro país y ni estudian ni trabajan. En Monterrey, como en toda la República mexicana, tenemos que buscar que no haya niños sin escolarizar y que se ofrezca una educación de la mayor calidad posible, adecuada a los tiempos, sin perder el fondo cívico y humanista que debe alentar todo proyecto educativo. Antes que técnicos, tenemos que formar seres humanos y ciudadanos.

  25. Tampoco podemos seguir educando a los jóvenes en una cultura de la "tranza", como si el triunfo a cualquier precio fuese el valor más alto por el cual vale la pena todo, hasta la renuncia a todo principio. No podemos resignarnos a considerar como algo normal el ver a nuestros jóvenes, muchachos y muchachas, en el ocio, expuestos a las adicciones. Nos están lanzando un mensaje a toda la sociedad, nos piden que les hagamos caso.

  26. Uno de los objetivos que debemos perseguir con mayor ambición es la creación de ambientes sanos después de la escuela. Cada niño, cada joven, debe tener oportunidad de gozar de ambientes sanos después de sus clases. El deporte, la cultura, la sana diversión, ayudarán a formar mejores ciudadanos. En esto podemos colaborar todos, desde las parroquias hasta las empresas. Los niños y jóvenes de Monterrey tienen el derecho de contar con centros de socialización que los ayuden a crecer como personas y a usar debidamente sus tiempos de ocio. No podemos dar por supuesto que el tiempo de ocio solo pueda conducir a la perversión.

  27. Muchos de nuestros jóvenes se quejan de que no cuentan con un futuro profesional en el que poder realizarse, que la escasez de trabajo y los sueldos tan bajos no permiten formar una familia ni tener una estabilidad de vida. Es verdad que su futuro depende en gran parte de ellos que son quienes tienen que forjárselo, pero también tenemos la responsabilidad de ofrecerles un futuro profesional. Por eso, la educación tiene que orientarse a facilitarles la entrada en el mercado de trabajo, pero también, en la medida de nuestras posibilidades, cada uno, especialmente aquellos sectores que estén involucrados en la economía productiva o financiera, tiene la grave responsabilidad de crear puestos de trabajo dignos en los que los jóvenes puedan desarrollar sus talentos y alcanzar una plenitud de vida en la seguridad y en la paz. Este es un presupuesto fundamental para construir una sociedad justa y en paz.

  28. Una educación centrada solo en los intereses del niño o del joven, o peor aún, orientada solo a un éxito monetario, no ayuda a crear una sociedad renovada y en paz. Hace falta inculcar un sentido de solidaridad real que nos lleve a todos a tomar conciencia de que no vivimos aislados ni existimos a pesar de los otros, sino con los otros, en una unidad de destino como miembros de la misma sociedad. El principio de solidaridad, enunciado también con el nombre de "amistad" o "caridad social", nace de la comunidad de origen y la igualdad de la naturaleza racional en todos los hombres. No es un simple capricho ni una virtud que solo se puede vivir en comunidades pequeñas o en las familias. No, la solidaridad es un vínculo que nos une y que nos eleva como seres humanos, frente a las tendencias del egoísmo que solo crean avaricia, aislacionismo y conflictos sociales. Aunque se haya quedado para el final en este recuento, no resulta menos importante el deber de todos de suscitar una sensibilidad social y cívica en nuestros alumnos, en nuestros niños y jóvenes, desde la casa, desde la escuela, desde la parroquia.

  29. Ante la crisis social que vive Monterrey se han escuchado muchas voces alzándose contra el Estado y la autoridad como si solo de ellos dependiese el problema social en el que vivimos. En muchos ciudadanos, la crispación ante la crisis de convivencia y seguridad en la que estamos inmersos, se ha convertido automáticamente en una desconfianza ante toda autoridad y en una actitud crítica y amarga ante aquellos que son o deberían ser los garantes del Estado de derecho. d. El Estado Sin embargo, en estas circunstancias es oportuno recordar que, en el fondo, el Estado somos todos, ya que el Estado no es más que la organización de la sociedad para el ejercicio de la autoridad. Y esto nos tiene que llevar a pensar que nuestros compromisos con el Estado y con la sociedad no terminan el día en que depositamos nuestro voto para elegir a nuestros gobernantes.

  30. Necesitamos crear más espacios de participación para los ciudadanos, pero también tenemos que desarrollar nuestro compromiso con la ciudad y con el país en el que vivimos. La solución no viene solo desde arriba, también tenemos que construirla desde abajo. Es verdad que tenemos el derecho de exigir a nuestros gobernantes que actúen con honestidad e inteligencia, con prudencia y eficacia, pero también tenemos el deber que sumarnos a sus iniciativas y medidas. Podemos exigir que se mejoren los sistemas policiales, pero también tenemos el deber de pagar nuestros impuestos puntualmente; tenemos el derecho de pedir decisiones eficaces y comprometidas a nuestros gobernantes, pero al mismo tiempo tenemos el deber de adherirnos a ellas; tenemos todo el derecho de señalar lo que no está bien, pero no podemos escatimar nuestro apoyo a las instituciones, que son y deben ser nuestros garantes de la paz, de la seguridad y de la convivencia.

  31. El fenómeno mundial de la globalización hace que decisiones externas tomadas lejos de nuestras fronteras nos afecten decisivamente. Así, por ejemplo, la apertura a la venta de armas pesadas en Estados Unidos desde 2004 ha extendido el uso de armamentos sofisticados puestos al alcance del crimen organizados. La facilidad de comunicaciones, que es un bien para todos, también se convierte en un recurso para los grupos marginales que actúan fuera de la ley. No nos queda más remedio que adaptarnos a este mundo en el que vivimos y tomar decisiones sabias para mejorar aquellos medios que puedan sostener la legalidad y la convivencia social. Si en México hoy podemos hablar de una sociedad abierta, esto tiene que redundar en progreso y desarrollo y no en miedo y desconfianza.

  32. La filosofía de trabajo y familia que generó el Monterrey de prosperidad que conocimos, parece haberse debilitado. Poco a poco, el objetivo se centró más en el tener y el parecer que en el hacer y el ser. La sociedad sufrió los efectos de este cambio de mentalidad, y el interés personal prevaleció sobre el sentido social que había inspirado a las generaciones de nuestros padres y abuelos. Aquellas familias luchaban día con día para superarse inspiradas por un fuerte deber social y un ideal de desarrollo personal que solo se concebía unido al desarrollo de México. e. La sociedad

  33. Hoy se percibe en muchos ambientes un sentido hedonista de lucro personal desligado de responsabilidades sociales o, peor aún, enfrentado a la sociedad. El ideal es tener más para gozar más, al precio que sea, y sin nada que pueda obstaculizarlo. El mismo concepto de desarrollo o de progreso ha desaparecido de nuestro imaginario social y en nuestros ambientes estamos cosechando una apatía y un egoísmo que se ha ido sembrando poco a poco.

  34. No se puede buscar el enriquecimiento olvidándose de los demás, especialmente de los más pobres. Hay que hacer un esfuerzo por generar oportunidades de trabajo para que más hermanos nuestros puedan salir de la pobreza. No se puede perder de vista que el desarrollo personal solo es posible cuando se da el progreso de todos; solo se puede vivir realmente mejor si todos viven realmente mejor.

  35. En Monterrey se observa un clasismo malsano, fuente de conflictos sociales, que rompe el necesario entendimiento mutuo, pilar de la convivencia. El simple rechazo del otro porque no es de "los míos" genera distancia y resentimiento. Tenemos que hacer un esfuerzo para superar estas barreras y construir así una paz duradera. Es el momento para replantearnos los valores que guían nuestro actuar de cada día en la sociedad volviendo a lo que de verdad es importante. Tenemos que devolver a la dignidad del ser humano su valor central en la sociedad.

  36. Monterrey es tierra de grandes empresarios que han construido un futuro para muchas familias. Los pioneros del florecimiento empresarial de Monterrey destacaron en lo económico y en lo social. En lo social fueron ejemplo cuando concibieron y otorgaron a sus trabajadores prestaciones de vivienda, de bonos de alimentos, de cuidado de la salud y esparcimiento y en algunos casos aún de educación de la familia que en aquellos tiempos resultaban innovadores y produjeron justicia, desarrollo y paz. Los empresarios se involucraban en las principales tareas de interés colectivo. Apoyaron la creación de instituciones de Educación Superior, participaron en grandes proyectos de infraestructura, gestionaron instituciones de asistencia y de cultura, entre otras. Eran hombres profundamente comprometidos con la comunidad. Vivían épocas de relativa bonanza. f. El mundo empresarial 11

  37. Con la apertura económica de México, las tareas específicas del negocio crecieron en magnitud y relevancia. Casi de pronto, sin tiempo para prepararse, México se sumergió en la globalización con su competencia que no da tregua. Hubo que ajustar costos, perfeccionar sistemas, actualizar tecnologías, aprender a competir lo mismo en el último extremo del mundo que en el mercado de la esquina y esta dura competencia internacional ha mermado los recursos que pueden invertirse en políticas sociales o en proyectos comunitarios.

  38. Actualmente, la tercera generación de aquellos grandes emprendedores toma el relevo en el liderazgo de la actividad económica. Desde entonces hasta ahora han cambiado muchas cosas y los escenarios económicos se han vuelto mucho más complejos. El reciente golpe de la última crisis mundial ha sacudido mucho a nuestras empresas y esto ha redundado en un empobrecimiento de muchas familias. A grandes rasgos, la economía mundial ha dado prevalencia a la finanza sobre la producción, y los mercados abiertos, libres de reglas, han generado deudas impagables que repercuten en todo el tejido económico. Sin embargo, en Monterrey se siguen suscitando emprendedores que continúan creando fuentes de empleo y contribuyen al desarrollo con empresas de calidad mundial. A pesar de todas las barreras generadas por el crimen organizado, siguen luchando por poner en pie empresas y crear fuentes de trabajo.

  39. En el orden económico mundial, se perciben síntomas de recuperación, pero no podemos perder de vista que todavía nos movemos en un escenario económico inestable. De todos modos, esta situación, por más compleja que sea, no nos puede hacer perder de vista la dimensión social del capital. Hoy, más que nunca, los agentes económicos no pueden contentarse solo con buscar enriquecerse, lo cual es legítimo, sino que además deben generar empleo y empleo digno. Una sociedad sin tasas de empleo suficiente es siempre una sociedad inestable. Necesitamos crear una cultura empresarial socialmente responsable teniendo siempre en cuenta que "la actividad empresarial es buena y necesaria cuando respeta la dignidad del trabajador, el cuidado del medio ambiente y se ordena al bien común. Se pervierte cuando, buscando solo el lucro, atenta contra los derechos de los trabajadores y la justicia“12.

  40. El Papa Benedicto XVI presentaba un análisis muy claro en su última carta encíclica Caritas in Veritate, publicada el 29 de junio de 2009. Decía textualmente: "Las actuales dinámicas económicas internacionales, caracterizadas por graves distorsiones y disfunciones, requieren también cambios profundos en el modo de entender la empresa. Antiguas modalidades de la vida empresarial van desapareciendo, mientras otras más prometedoras se perfilan en el horizonte. Uno de los mayores riesgos es sin duda que la empresa responda casi exclusivamente a las expectativas de los inversores en detrimento de su dimensión social. Debido a su continuo crecimiento y a la necesidad de mayores capitales, cada vez son menos las empresas que dependen de un único empresario estable que se sienta responsable a largo plazo, y no solo por poco tiempo, de la vida y los resultados de su empresa, y cada vez son menos las empresas que dependen de un único territorio.

  41. Además, la llamada deslocalización de la actividad productiva puede atenuar en el empresario el sentido de responsabilidad respecto a los interesados, como los trabajadores, los proveedores, los consumidores, así como al medio ambiente y a la sociedad más amplia que lo rodea, en favor de los accionistas, que no están sujetos a un espacio concreto y gozan por tanto de una extraordinaria movilidad. El mercado internacional de los capitales, en efecto, ofrece hoy una gran libertad de acción. Sin embargo, también es verdad que se está extendiendo la conciencia de la necesidad de una responsabilidad social más amplia de la empresa.

  42. Aunque no todos los planteamientos éticos que guían hoy el debate sobre la responsabilidad social de la empresa son aceptables según la perspectiva de la doctrina social de la Iglesia, social de la Iglesia, es cierto que se va difundiendo cada vez más la convicción según la cual la gestión de la empresa no puede tener en cuenta únicamente el interés de sus propietarios, sino también el de todos los otros sujetos que contribuyen a la vida de la empresa: trabajadores, clientes, proveedores de los diversos elementos de producción, la comunidad de referencia.

  43. En los últimos años se ha notado el crecimiento de una clase cosmopolita de manager, que a menudo responde solo a las pretensiones de los nuevos accionistas de referencia compuestos generalmente por fondos anónimos que establecen su retribución. Pero también hay muchos managers hoy que, con un análisis más previsor, se percatan cada vez más de los profundos lazos de su empresa con el territorio o territorios en que desarrolla su actividad“13. Este análisis del Papa también puede aplicarse a Monterrey, y sus conclusiones son igualmente válidas para la clase empresarial de nuestra ciudad que ha escrito hermosas páginas de compromiso social en la historia de México, y ahora, del mismo modo, está llamada a ejercer su liderazgo y su audacia en la reconstrucción de la sociedad regiomontana.

  44. En la tarea de la reconstrucción de la sociedad regiomontana es importante no perder de vista que el valor moral es el único que debe presentarse como absoluto en el juicio del ser humano sobre su actuar. Todos los demás valores se supeditan a lo bueno o lo malo en sí mismo, que es precisamente lo que nos señala el valor moral. 2. Los valores de la reconstrucción a. El valor moral

  45. El bien y el mal aparecen en nuestra conciencia como opciones de vida en innumerables actos concretos. Del mismo modo, escuchamos en nuestro interior constantemente una voz que nos repite: "haz el bien y evita el mal". Sin embargo, no siempre seguimos este imperativo y nos inclinamos por opciones que pueden proporcionar beneficios concretos al margen de ese bien que se nos presenta en la conciencia, o también puede darse que no exista una clara percepción del bien.

  46. El bien no se identifica simplemente con lo que me atrae o que me resulta agradable o útil. Algo es bueno cuando es lo que debería ser, y algo es "bueno para mí" cuando me ayuda a ser lo que debo ser. El bien aparece cuando yo puedo pensar que lo que hago lo puedo convertir en norma universal, para todos, y deducir que lo que hago es algo que también me gustaría que me hicieran a mí. La exigencia de vivir en el bien y hacer el bien, así como la de evitar el mal, siempre se presentan como un imperativo, si queremos una sociedad humana, justa y saneada.

  47. El cristianismo nos llama a convertirnos en hombres nuevos, a identificarnos con el espíritu y las obras del espíritu. "El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha“14. Cuando obedecemos a la carne y actuamos contra nuestra conciencia, actuamos contra nosotros mismos. Cuando obedecemos a nuestra conciencia, buscando el bien y evitando el mal, respondemos a nuestras aspiraciones más profundas, las cuales nos llevan a la satisfacción y a la felicidad.

  48. Hablar de solidaridad no es algo que suena a nuevo en nuestra ciudad. Basta recordar cómo todos sumamos esfuerzos para ayudar a los damnificados en los días posteriores al paso del huracán Alex por nuestra ciudad. Todos hubiéramos querido hacer más por ellos, pues nos parecía poco lo que podíamos aportar ante el sufrimiento que estaban viviendo. Esos esfuerzos fueron verdaderos gestos de solidaridad. b. La solidaridad

  49. El principio de solidaridad, enunciado también con el nombre de "caridad social", 15 es una exigencia directa de la fraternidad humana y cristiana . Todos los seres humanos, por el hecho de ser hermanos, hijos del mismo Dios, estamos unidos en una misma familia. La solidaridad es la dimensión social del amor.

  50. "La solidaridad es en primer lugar que todos se sientan responsables de todos; por tanto no se la puede dejar solamente en manos del Estado" 16 ,sino que depende de cada uno. Una sociedad es solidaria solo si sus miembros son solidarios. Y esa solidaridad, en el amor mutuo, requiere e implica, a su vez, una verdadera justicia social, base de la caridad social. La solidaridad debe captarse, ante todo, en su valor de principio social ordenador de las instituciones, según el cual las "estructuras de pecado", que dominan las relaciones entre las personas y los pueblos, deben ser superadas y transformadas en estructuras de solidaridad, mediante la creación o la oportuna modificación de leyes, reglas de mercado, ordenamientos.